Hay batallas que no se ven.
Son esas luchas internas donde nadie aplaude, nadie opina y, muchas veces, nadie sabe que estás peleando.
La batalla de levantarte cuando no tienes ganas.
La batalla de seguir creyendo cuando todo parece perdido.
La batalla de no rendirte, aunque dentro de ti sientas que ya no puedes más.
Yo también he estado ahí.
Momentos en los que mi corazón parecía apagado, donde la tristeza me pesaba más que cualquier deuda o dificultad.
Pero fue allí, en ese silencio, donde descubrí algo: mi espíritu no estaba roto, solo estaba dormido.
Empecé a cuidar mi interior como el terreno más valioso que poseo.
- Aprendí a hablarme con amor y no con juicio.
- Empecé a agradecer incluso lo pequeño, y eso cambió mi mirada.
- Reconocí que la verdadera fortaleza no está en parecer fuerte, sino en ser honesto con lo que sientes y aún así seguir adelante.
Ese despertar me hizo entender que un espíritu irrompible no es el que nunca sufre, sino el que se rehace una y otra vez, el que se levanta después de cada caída y aprende de ellas.
Hoy puedo decir que no soy la misma.
Ya no busco vivir sin problemas, sino vivir con propósito.
Ya no temo quebrarme, porque sé que cada grieta es espacio para que entre la luz.
🌟 Reflexión final
Si hoy sientes que tu interior está apagado, quiero que recuerdes algo:
Dentro de ti existe un espíritu irrompible, diseñado para resistir, sanar y avanzar.
No necesitas esperar a tenerlo todo bajo control para despertar esa fuerza.
Empieza con un paso, con una palabra de fe, con una decisión de no rendirte.
